Nueva doctrina de Trump redefine la estrategia de EE. UU. hacia América Latina
Por Ociel Alí López
La reciente estrategia de seguridad nacional publicada por la administración de Donald Trump expone un giro geopolítico que reposiciona a América Latina como prioridad estratégica. El documento ordena diversas acciones —desde medidas arancelarias hasta operaciones militares en el Caribe— y confirma que responden a una planificación coherente, no a decisiones aisladas del mandatario.
La nueva línea, identificada como el “corolario Trump”, se presenta como respuesta al desgaste de EE. UU. tras las guerras en Afganistán, Irak y Somalia. Este enfoque reconoce el declive del país como “policía global” y propone una relación más pragmática con el mundo, interviniendo solo cuando existan beneficios directos y rápidos. En ese marco, Washington reorienta su atención hacia su “patio trasero”, combinando presión militar, diplomática y comercial para desplazar a China de la región.
El documento plantea a China como el principal adversario, debido al avance que ha logrado en América Latina mediante inversiones, infraestructura y comercio. Por ello, EE. UU. buscará persuadir a los gobiernos latinoamericanos de reducir su dependencia de Pekín y recuperar rutas marítimas clave asociadas al narcotráfico, la migración y el abastecimiento global. Este plan explica el despliegue militar en el Caribe y operaciones como “Lanza del Sur”.
La región vuelve así a un rol central, distinto al de la doctrina Monroe, al corolario de Roosevelt o a la política de buena vecindad. Hoy el objetivo no es contener a potencias europeas o ideologías adversas, sino frenar el avance económico chino. Bajo esta lógica, movimientos como la presencia militar en Perú, el interés por bases en Ecuador o zonas estratégicas como la Patagonia y Panamá se alinean con la intención de blindar el continente.
Venezuela se convierte en el primer gran ensayo de esta doctrina y, simultáneamente, en un punto crítico: su fracaso podría desacreditar la estrategia y generar un rechazo regional que complique los planes futuros. La cautela de Washington frente a una acción directa demuestra la importancia que otorga a este escenario.
El documento también evidencia un interés por controlar las vías de abastecimiento hacia Asia, especialmente en torno al megapuerto de Chancay en Perú, donde China consolida una ruta comercial estratégica. Este cierre de accesos busca garantizar que, en un conflicto, EE. UU. pueda interrumpir de manera eficaz el suministro de sus rivales.
La nueva doctrina marca un EE. UU. menos dominante a nivel global pero más interventor en América Latina, desplazando esquemas previos como el panamericanismo y dejando en duda el papel de organismos como la OEA. Las decisiones, por ahora, se concentran en la Casa Blanca, configurando un panorama de tensiones crecientes y un reordenamiento regional que apenas comienza.
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