Malambo sin agua y con facturas altas crece la indignación de la comunidad
Habitantes del municipio volvieron a salir a las calles para reclamar por las fallas en el servicio de agua potable y cuestionar el cobro de facturas que, según denuncian, llegan cada vez más altas pese a que el suministro continúa siendo irregular. La concejal Dairys Gómez se sumó a las voces que exigen respuestas y soluciones de fondo.
La crisis del agua en Malambo parece no tener fin. Mientras cientos de familias siguen esperando que el líquido llegue de manera continua a sus viviendas, crece también el inconformismo por los valores que aparecen en las facturas del servicio.
La situación llevó nuevamente a habitantes y dirigentes a realizar un plantón frente a las instalaciones de Aguas de Malambo, en una protesta con la que buscan llamar la atención de las autoridades y exigir una respuesta concreta frente a una problemática que, según la comunidad, lleva años sin una solución definitiva.
La concejal Dairys Gómez ha cuestionado la situación y se ha hecho eco del reclamo ciudadano frente a lo que considera una contradicción difícil de explicar: hogares que no reciben agua con regularidad y, al mismo tiempo, deben asumir el pago de facturas que consideran elevadas.
El reclamo no es nuevo. En abril de 2025, la propia Alcaldía de Malambo informó que habitantes de sectores como Bellavista y San Antonio habían expresado su inconformidad por el cobro de facturas correspondientes a un servicio que, según denunciaban, no estaban recibiendo de manera regular. En ese momento se solicitó revisar los cobros, especialmente en los sectores donde el agua no había llegado durante semanas.
Una crisis que se repite
La protesta reciente demuestra que el problema está lejos de estar resuelto. En agosto de 2026, habitantes de Malambo denunciaron interrupciones prolongadas del servicio y señalaron que en algunos sectores pueden permanecer hasta 15 o incluso 20 días sin agua potable.
La escena resulta preocupante: familias obligadas a comprar pimpinas, depender de carrotanques o desplazarse hacia otros sectores para realizar actividades tan básicas como lavar la ropa.
Y mientras la comunidad busca cómo conseguir el líquido, la pregunta que permanece sobre la mesa es sencilla, pero incómoda: ¿por qué los usuarios deben pagar como si recibieran un servicio normal cuando denuncian que el agua no llega con la frecuencia necesaria?
No se trata únicamente de una discusión sobre facturación. El acceso al agua potable está directamente relacionado con la salud, la alimentación, la higiene y la dignidad de las familias.
El Magdalena está cerca, pero el agua no llega
La indignación aumenta cuando se observa la ubicación geográfica de Malambo.
El municipio se encuentra a pocos kilómetros del río Magdalena, una de las principales fuentes hídricas del país. De hecho, documentos de la Superintendencia de Servicios Públicos han señalado que el sistema de acueducto de Malambo cuenta con captación lateral sobre el río Magdalena.
Por eso, para muchos habitantes resulta difícil entender cómo una población ubicada en inmediaciones de uno de los ríos más importantes de Colombia puede continuar enfrentando períodos prolongados sin agua potable.
El problema, sin embargo, no parece estar solamente en la existencia de la fuente hídrica. También intervienen la infraestructura, el bombeo, el almacenamiento, las redes de distribución y la capacidad del sistema para garantizar continuidad.
La Gobernación del Atlántico anunció en años anteriores inversiones superiores a $15.000 millones para mejorar la infraestructura del acueducto de Malambo, incluyendo estaciones de bombeo y tanques de almacenamiento. Sin embargo, el propio diagnóstico oficial reconocía que uno de los principales problemas era la periodicidad con la que el agua llegaba a los hogares.
¿Hasta cuándo tendrá que esperar Malambo?
La comunidad ya no quiere más anuncios. Quiere agua.
Durante años se han presentado proyectos, inversiones, obras y compromisos para mejorar el sistema de acueducto. También se han anunciado sectores beneficiados y acciones para aumentar la continuidad del servicio. Incluso en junio de 2026 la Alcaldía reportó mejoras en Villa Esperanza, donde aseguró que las familias habían dejado de utilizar motobombas gracias a la recuperación de la presión del agua.
Pero mientras algunos sectores registran avances, otros continúan denunciando interrupciones que afectan la vida cotidiana de sus habitantes.
El desafío ahora es que las autoridades competentes municipales, departamentales, la empresa prestadora y los organismos de vigilancia expliquen con claridad qué está ocurriendo, cuál es la solución definitiva y cuándo podrán los habitantes de Malambo contar con un servicio continuo y de calidad.
También resulta indispensable revisar las reclamaciones relacionadas con la facturación y establecer si los cobros corresponden efectivamente al servicio prestado en cada sector.
Porque la discusión de fondo no debería ser solamente cuánto cuesta el agua.
La pregunta es por qué una familia tiene que pagar una factura cuando, durante días, abre la llave y no encuentra una sola gota.
Malambo necesita respuestas. Pero, sobre todo, necesita que el derecho al agua deje de ser una promesa y se convierta en una realidad cotidiana para todos sus habitantes.







